Controlar las emociones: odio

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El odio es una emoción totalmente natural en el ser humano, por lo que cualquier intento de evitarlo está abocado al fracaso. En su lugar, debemos gestionarlo de manera que no nos dañe a nosotros ni a las personas de nuestro alrededor. Tenemos que aprender a controlar las emociones.

controlar las emociones

Y es que el odio es un sentimiento negativo que puede llegar a desbordarse, dando lugar a terribles consecuencias. En algunos casos, llega incluso a impedir que seamos felices, ahogándonos en un mar de negatividad y rencor.

Un error muy común es confundir el odio con el enfado. A diferencia del primero, el enfado es una emoción pasajera, un momento de explosión de mayor o menor durabilidad, pero cuya intensidad va desapareciendo con el tiempo.

El odio, sin embargo, se instala en el corazón y en la mente, consumiendo poco a poco nuestra salud mental y física. De hecho, los especialistas han llegado a relacionar este sentimiento con problemas como el insomnio, la ansiedad o el estrés.

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Pero no todo es malo respecto a esta emoción, pues es considerada negativa tan sólo cuando llega a desbordarse, impidiendo que la controlemos. En principio, se trata de una emoción totalmente legítima y comprensible, que cumple una función positiva: protegernos ante ataques ajenos.

Y es precisamente eso para lo que debemos usar nuestro odio, para ganar seguridad. El problema surge cuando lo confundimos con la agresividad. Por ello, y en lugar de intentar suprimirlo (algo imposible, como hemos dicho anteriormente), lo correcto es aprender a controlarlo.

Y la forma de hacerlo comienza con la prevención, pues el odio no aparece de la noche a la mañana, sino que se va gestando lentamente a causa de determinadas situaciones. Cuando empezamos a notar los primeros síntomas, será la hora de actuar.

Esto podemos hacerlo de dos maneras: huyendo de aquello o aquella persona que provoca estos sentimientos, siempre que sea posible, o enfrentar el problema con serenidad y madurez.

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Existen varias estrategias que nos pueden ayudar a hacerlo. Hablamos, por ejemplo, de técnicas de relajación como respirar profundamente cuando notamos que la mala energía nos invade. También repetir palabras como “cálmate” o “relájate” puede ayudarnos. Deberemos practicar estas técnicas a diario.

Esperar a calmarnos para hablar o tomar decisiones es fundamental, ya que es el momento adecuado para pensar sin ira, de manera racional. Cuando se está enfadado, se exageran y dramatizan las reacciones, y se intensifica el problema. El humor puede resultar otra buena forma de afrontar la ira y rebajar la tensión del día a día. Y lo mismo ocurre con actividades físicas preparadas para relajar el cuerpo y la mente, como el Yoga o el Tai-Chi. Además, es una buena técnica de evasión.

Aunque quizá la mejor forma de combatir la ira es cargar nuestra vida de experiencias positivas y sentimientos como el amor, la amistad o la alegría. Se trata de sustituir unas emociones por otras, reemplazando la negatividad por la positividad.

Todo esto puede resultar más o menos complicado dependiendo de las causas de este odio. Muchas veces se encuentra en una baja autoestima, cuya inseguridad desemboca muchas veces en esta actitud desmesurada de ataque ante cualquier posible ofensa.

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Por ello, para derrotar este sentimiento de ira deberemos comenzar a trabajar por aumentar nuestra autoconfianza, para poder así obtener la seguridad suficiente y enfrentar así los problemas sin albergar odio en nuestro interior.

También tendríamos que hacer un esfuerzo por ser más comprensivos con los demás, perdonar sus errores sin guardar rencor.

Caer en el odio es algo muy fácil, pero dejar de odiar es muy complicado. Para ello se necesita mucha paciencia, tolerancia y una mente abierta. Pero sin duda, el esfuerzo de controlar las emociones valdrá la pena.

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