Problemas de ser perfeccionista

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Es totalmente comprensible que nos esforcemos por hacer las cosas lo mejor posible, tanto en nuestro trabajo como en la vida personal. Pero nunca debemos olvidar que equivocarse es humano y que el afán por lograr un perfeccionismo exagerado puede tener en nosotros consecuencias realmente perjudiciales.

El perfeccionismo no tiene por qué tener un origen concreto; sin embargo, las personas excesivamente exigentes consigo mismas suelen haber crecido en un ambiente en el que los errores no son aceptados, por lo que desarrollan un miedo al fracaso que puede derivar en problemas como inseguridad, depresión y ansiedad. Estas personas llegan a valorarse a sí mismas en función de la opinión de los demás.

Los perfeccionistas jamás se sentirán satisfechos con sus logros y trabajos, ya que a menudo se autoimponen metas imposibles de conseguir, por lo que la impotencia y la frustración acaban adueñándose de sus vidas. Además, estas desproporcionadas exigencias suelen impedirles iniciar planes y proyectos a causa del temor que sienten a no saber hacer las cosas correctamente.

Este carácter afecta especialmente al ámbito laboral. Irónicamente,  el perfeccionismo conlleva baja productividad y un pobre rendimiento, ya que la necesidad de mejorar cada detalle, aunque sea irrelevante, resta tiempo para otras actividades, y supone un esfuerzo innecesario por parte del trabajador.

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Pero este problema es algo que también perjudica fuertemente a las relaciones sociales. El miedo al rechazo de los demás y a las críticas impide que estas personas se muestren con naturalidad y no puedan establecer una relación de confianza e intimidad con nadie. Tratan de ser perfectos frente a terceros, lo que les produce una fuerte ansiedad. También hay que decir que estas personas tienden a exigir a los demás la misma perfección que demandan para ellos mismos, algo que deteriora notablemente sus relaciones personales.

A veces se habla del perfeccionismo como una virtud. Sin embargo, son obvios los inconvenientes que conlleva este tipo de personalidad. Por eso conviene tener en cuenta que los errores y los fracasos son algo inevitable que forma parte de la vida y que las cosas no son siempre como queremos. Una actitud desenfadada ante los problemas y un buen nivel de confianza son las armas más fuertes para luchar contra esta conducta tan dañina para nosotros y los que nos rodean.

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