La claustrofobia es un miedo irracional que sienten algunas personas como consecuencia de sentirse atrapadas en un espacio pequeño.
Este problema es más habitual de lo que creemos, pues afecta al cinco por ciento de la población, y causa a quien lo padece diversos problemas, ya que evitan los ascensores, el metro, los túneles, las habitaciones pequeñas, etc.

Es un problema que se puede superar, y para ello puede acudirse a un psicólogo, que realizará una historia clínica para determinar las causas y soluciones del conflicto. Los médicos prescriben a veces una terapia conductista, complementada o no con fármacos. También es posible probar la hipnoterapia, en la que el especialista induce y propone cambios en el comportamiento del paciente. Se afirma que la hipnoterapia cura las fobias con mayor rapidez que la psicoterapia tradicional.

Según la naturopatía, que trabaja con energías, la claustrofobia puede superarse mediante un régimen basado en el consumo de alimentos crudos, y quizá aplique las pruebas musculares de la kinesiología para determinar si existe una alergia alimentaria a la que pueda atribuirse el trastorno. Para el estrés se prescriben dosis altas de vitaminas del complejo.

La digitopuntura, por su parte, enseña al paciente a aplicarse suaves masajes en la zona de la palma situada entre el pulgar y el índice de cualquiera de las manos en los momentos de tensión. El entrenamiento autógeno para la claustrofobia favorece la relajación de la mente y del cuepro, liberándolos del estrés y del comportamiento anormal que éste ha causado. La homeopatía emplea plantas como el Argentum nitricum y el Aconitum para potenciar la seguridad del individuo.
En realidad, existen muchos métodos diferentes que pueden ayudarte a librarte de esta fobia, y todos ellos son efectivos. Lo importante es encontrar con la solución idónea para cada tipo de persona.


