Cómo alcanzar tus metas personales

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Son muchas las ocasiones en las que sentimos falta de satisfacción con nosotros mismos, con nuestro trabajo, pareja, familia, situación económica… Esto da lugar a la aparición de la frustración, sentimiento que generalmente nos llega a impedir luchar por las metas que nos habíamos propuesto.

La frustración se debe a distintos factores en cada persona, y cada uno de nosotros tenemos diferentes reacciones ante la misma, siendo más susceptibles unos que otros a esa sensación que la mayoría de las veces viene dada por un exceso de exigencia por parte de la familia, el entorno laboral, la sociedad, etc.

Cuando alguien ha vivido numerosas situaciones frustrantes (no ascender en el puesto de trabajo o rendir en los estudios, no estar a gusto en su relación de pareja o con la familia…), éstas se van acumulando de alguna forma en su pensamiento, llegando a sentir desesperanza, rabia, depresión e incluso ira al ver que no consiguió alcanzar los objetivos que se propuso. Estos sentimientos pueden hacer creer a esta persona que terminará fracasando una y otra vez como ya sucedió en el pasado, lo que le impedirá ilusionarse con nuevos proyectos.

Otras veces la frustración con nosotros mismos no se debe tanto a factores externos. Los pensamientos  pesimistas y destructivos son muy comunes cuando inconscientemente intentamos protegernos de tener que hacer frente a más fracasos, por lo que solemos renunciar antes de emprender nuevos proyectos. En estos casos la frustración puede deberse también a que nos hayamos impuesto metas inalcanzables, muy poco realistas, lo que hará que no consigamos exactamente lo que queríamos, o que seamos excesivamente exigentes con nosotros mismos y nunca estemos contentos con nuestros logros por buenos que éstos sean.

En este caso nos convertimos en nuestros peores enemigos, en vez de darnos ánimos y felicitarnos por nuestro trabajo bien hecho, sólo vemos el lado negativo, los fallos, las equivocaciones… Aspectos de nuestra personalidad como la timidez, una baja autoestima, la rabia hacia algo o alguien que nos haya hecho daño, o la desilusión derivada de la acumulación de varios intentos fallidos de lograr nuestros objetivos, hacen que entremos en un estado de apatía y desinterés por lo que antes nos ilusionaba.

Muchas veces las frustraciones aparecen cuando nos comprometemos con más responsabilidades de las que podemos atender. Aprende a decir “no” y a delegar algunas tareas en los demás, no intentes responsabilizarte de todo porque es imposible abarcarlo. Igualmente, deja las preocupaciones laborales en tu puesto de trabajo, no te las lleves a casa una vez terminada la jornada laboral y trata de separarlas de tu tiempo de ocio, incluso si trabajas desde tu propia casa.

Márcate varias metas y no te ciñas únicamente a un solo objetivo. De esta forma cuando te sea imposible alcanzar una meta específica, te quedará la ilusión de luchar por la que aún es posible conseguir. Debemos buscar más objetivos que nos hagan sentir activos y realizados. Así en caso de que algo nos salga mal siempre tendremos un plan alternativo que nos haga seguir adelante y superaremos con mayor facilidad la desilusión por aquello que no hayamos logrado.

También es importante que analicemos el por qué de nuestros “fracasos”, lo que nos servirá para no cometer los mismos errores que en el pasado. Piensa que las equivocaciones son también una oportunidad para aprender y evitar que vuelva a pasarnos lo mismo en el futuro.

Por último, no compares tus logros con los demás ni te sientas menos que ellos. Ni siquiera las personas más inteligentes y trabajadoras consiguen lograr los mejores éxitos a diario. Recompénsate tu esfuerzo sin pensar tanto en los resultados que hayas obtenido, puesto que éstos no siempre dependen de tus acciones, y por muy bien que hayas actuado puede que todo no salga como habías planeado en un principio.

Fuente Imagen por seabreeze

Fuente Imagen 2 por lulazzo 

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Categorías: Salud


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