
Al comienzo de una
relación solemos
idealizar a nuestra pareja viendo sólo sus virtudes y quitando importancia a sus defectos. Pero pasado un tiempo, la convivencia hace que el enamoramiento principal dé paso a la rutina y comenzamos ver a la persona que está a nuestro lado como es en realidad.
Es entonces cuando desaparece el idealismo irracional que teníamos hacia nuestra pareja y muchas veces esta situación nos hace pensar en la ruptura. No existen unos parámetros determinados que nos indiquen si debemos terminar con una, romper o no; no obstante, si has llegado a plantearte la posibilidad de hacerlo, deberías preguntarte una serie de cuestiones cuyas respuestas podrán ayudarte a decidirte.
La cuestión fundamental es si en vuestra vida en común están más presentes las cosas positivas que las negativas, es decir, que los buenos momentos sean más numerosos que los malos. Esta determinación deberás tomarla con calma y de forma objetiva, sin dejarnos influir por falsas esperanzas e ilusiones que nos hagan pensar que la situación cambiará en un futuro, sino pensando en cómo es hoy.
Uno de los factores negativos que pueden hacer que una relación no sea saludable, es si tu pareja obstaculiza la realización de tus sueños y metas personales. Si esto ocurre, él no te valora ni respeta como debería hacerlo, y éstas son dos condiciones esenciales para que lo vuestro funcione. En este caso deberías considerar seriamente la opción de la separación como lo más adecuado para ti.
Igualmente indispensable es que él respete tus principios y valores, que
no te humille ni te maltrate y que no limite tu libertad. Si esto es así, no es amor lo que siente por ti o su forma de quererte no es sana, con lo cual la única opción recomendable sería que acabaras con la relación de forma definitiva. Con esta decisión darás el primer paso de un camino doloroso pero necesario para poder volver a encontrar la felicidad con otra persona.
Fuente Imagen por o5com